Hace como cientoveintidós años, fui con mi amigo Martin Blousson a Fantabaires. Yo fui porque ya entonces era un friki de aquellos, y Martin fue porque a ese Fantabaires estaba invitado Neil Gaiman. Yo no había leído todavía el Sandman completo, pero sí había comprado el último número y quería que Gaiman me lo firmara. Primera y única vez que hice eso en mi vida. Creo que Diego Casamiquela tiene todavia ese número en su casa. ¿O era Martín? No tengo idea.
No sólo me lo hice firmar, sino que hice cola para que me lo firmase. Durante cinco segundos estuve frente a Neil Gaiman, que escribió: "Para Nataniel, sweet dreams", después de que un tipito pusiera en un papel cómo se deletreaba Nataniel en castizo.
Esa noche, Neil Gaiman dio una charla. Martin le preguntó por su relación con Tori Amos (por aquel entonces la conocía su familia, Neil Gaiman, Martin y otras cuatro personas en Australia), y hubo frikis que se quejaron en voz alta porque la pregunta les había parecido aburrida. Ellos querían saber probablemente el número de calzado de Morfeo.
Esa noche, también, me reí de Andres Accorsi. Accorsi hacía de traductor de Gaiman. Lo hacía bien, claro. Pero a veces se equivocaba, o se trababa. Y en esos casos, el 70% de la gente se reía de él. A los gritos. Lo insultaban. Tal vez, para ser honestos, se haya equivocado más de una vez. Hasta Neil Gaiman comentó en un momento, confundido, "tal vez debiéramos buscar otro intérprete" Lisandro Dipasquale, que había llevado un grabador, se reía con ganas. Martin se reía moderadamente. Yo me reía con ganas. Hasta que en un momento, crucé mi mirada con una pareja de jóvenes. Eran más grandes que nosotros (todos eran más grandes que nosotros por entonces), vestían como extras en la versión argentina de Sandman, pero parecían ajenos por completo a la friquez del ambiente. Y me miraban con esa cara con la que yo miro a los hinchas de futbol enloquecidos, a los que patean tachos de basura por la calle, a los que fuman junto a sus hijos bebés. Era una mirada llena del más completo desprecio hacia mi idiotez, y la de los que eran como yo. Y como lo que la gente pensara de mí ha sido siempre muy importante en mi vida, en ese momento dejé de reír. Y me planteé, automáticamente, de qué me estaba riendo. Y la siguiente pregunta fue inevitable:
¿POR QUE LA GENTE NO QUIERE A ANDRES ACCORSI?

Buscando su nombre en google, vi que, en realidad, los comentarios hacia él no son malos. Tal vez yo me rijo por una idea anticuada, la de finales de los '90. Por aquel entonces, Perfil ya había fracasado bastante escandalosamente, después de haber anunciado una serie de fantásticas novedades que nunca salieron. La memoria de las traducciones de Accorsi era muy reciente.
Es que Accorsi traducía las historietas de super-héroes que su publicaron en Argentina durante varios años. Y las traducía bien. Aunque mantenía el tono de "tú", cosa que me imagino sería orden editorial, él intentaba meterle un poco de lunfardo, o alguna que otra palabra aporteñada. Eso a mí me gustaba mucho. También tenía como ley intocable no dejar ningún nombre de superheroe en inglés, a excepción de Superman y Batman. Así estaban Flecha Verde, Linterna Verde, Misil Rojo... pero también cosas más dudosas como Bicho Azul, Astro Dorado... Fuego Nuclear por Firestorm. Y las absolutamente imperdonables, como Astroman. Por Starman. En serio.
Que fuera Flushman (el hombre-tirar de la cadena) en lugar de Flash, no tuvo nada que ver con él. Hace un tiempo tuve el inmenso honor de que me escribiese un par de mails (vio que comentaba cosas sobre el tema historietas de Perfil en el foro de la DC... sí, el mismo donde postea Superboy-Prime.). Al parecer, alguien de la editorial inventó el fantástico nombre Flush-Man y no quiso saber nada con la legión de alternativas que Accorsi y los suyos habían presentado. Fue recién al leer este mail, como 17 años después de la salida del FlushMan número 1, que me di cuenta de que Flushman se pronunciaba "
Flash-man".
Accorsi era conocido también por dirigir la revista "Comiqueando". En esa revista, uno podía leer a un montón de amigos muy frikis, que se notaba que leían todos lo mismo, les gustaban las mismas cosas, y comentaban acerca de ellas utilizando practicamente siempre las mismas palabras. "Joya inenarrable" y "cebado" vienen a la mente. Es en esa misma revista, donde uno podia también leer críticas al trabajo de Ralf König, en las que el crítico alababa la gracia y el arte de König, pero le daba un 8 en lugar de un 10 por el "asco" que le causaban las escenas de sexo entre hombres
Más allá de todo eso, Comiqueando era la revista que todos los fans y grupos de amigos frikis hubieran querido sacar, pero no sacaron. Eso es un mérito maravilloso que distingue a un tipo de personas de otras siempre.
No sé muy bien cual fue la razón de que nos hubiéramos reído de Accorsi aquella noche. Tal vez fuera su actitud de celebridad, compartida con todos los cuatro o cinco que pocos meses atrás se sentaban a tomar coca-cola en el mini-puestito del Club del Comic que quedaba en la galería de la calle Rivadavia, y que de pronto se vieron transformados en mega-stars del ambiente. Rafael de la Iglesia, por amor de dios, parecía Booker.

Tal vez fuera la actitud pedante con la que atendían a la gente. Cuando el club del comic era chiquito, yo, que era un negado social, a veces me quedaba charlando con quien sea que estuviera ahí. Pero después del fragante éxito de Comiqueando, las Perfil, Fantabaires y la mar en coche, sacarle un "Si no está ahí no está" a un vendedor era para mí casi imposible. O quizás fuese lo horrendamente escrita que estaba la mayoría de la revista, con esas reseñas en un estilo de la "yeca" forzado, su odio a cualquier cosa Marvel, el impresentable Cazador.
O quizás, y digo sólo quizás, fuese la clásica, elemental envidia de aquellos que no hacen nada, y descubren que quejarse de los que sí hacen da satisfacción, y alivia el sentimiento de inutilidad, o de fracaso personal.
Eso sí, Accorsi... ¿Astroman? ¡En qué estabas pensando!